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jueves, 5 de julio de 2018

Interrogaciones

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¿Cómo quedan, Señor, durmiendo los suicidas?
¿Un cuajo entre la boca, las dos sienes vacías,
las lunas de los ojos albas y engrandecidas
hacia un ancla invisible las manos orientadas?

¿O Tú llegas después que los hombres se han ido
y les bajas el párpado, sobre el ojo cegado,
acomodas las vísceras sin dolor y sin ruido
y entrecruzas las manos sobre el pecho callado?

El rosal que los vivos riegan sobre su huesa,
¿no le pinta a sus rosas unas formas de herida?
¿No tiene acre el olor, siniestra la belleza
y las frondas menguadas de serpientes tejidas?

Y responde, Señor: cuando se fuga el alma
por la mijada puerta de las largas heridas,
¿entra en la zona tuya hendiendo el aire en calma
o se oye un crepitar de alas enloquecidas?

¿Agosto cerco lívido se aprieta en torno suyo?
El eter, ¿es un campo de monstruos florecido?
En el pavor, ¿no aciertan ni con el nombre suyo?
¿O le gritan y sigue tu corazón dormido?


¿No hay un rayo de sol que los alcance un día?
¿No hay agua que los lave de sus estigmas rojos?
Para ellos, ¿solamente queda tu entraña fría,
sordo tu oído fino y apretados tus ojos?

Tal el hombre asegura por error o malicia;
mas yo, que te he gustado como un vino, Señor,
mientras los otros siguen llamándote justicia,
no te llamaré nunca otra cosa que ¡Amor!

Yo sé cómo el hombre fue siempre zarpa dura;
la catarata, vértigo; aspereza, la sierra.
Tú eres el vaso donde se esponjan de dulzura
los nectarios de todos los huertos de la tierra.


Gabriela Mistral


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viernes, 26 de mayo de 2017

La tierra

Niño indio, si estás cansado
tú te acuestas sobre la Tierra,
y lo mismo si estás alegre,
hijo mío, juega con ella…
Se oyen cosas maravillosas
al tambor indio de la Tierra:
se oye el fuego que sube y baja
buscando el cielo, y no sosiega.
Rueda y rueda, se oyen los ríos
en cascadas que no se cuentan.
Se oyen mugir los animales;
se oye el hacha comer la selva.
Se oyen sonar telares indios,
se oyen trillas, se oyen fiestas.
Donde el indio lo está llamando,
el tambor indio le contesta,
y tañe cerca y tañe lejos,
de que huye y de que regresa…
Todo lo carga, todo lo toma
y no hay tesoro que lo pierda,
y lleva a cuestas lo que duerme,
lo que camina y que navega,
y lleva a vivos y lleva a muertos
el tambor indio de la Tierra.


Gabriela Mistral

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miércoles, 10 de mayo de 2017

La ronda

Haciendo la ronda
se nos fue la tarde.
El sol ha caído;
la montaña no arde.
Pero la ronda seguirá
aunque en el cielo el sol no está.

Gabriela Mistral

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miércoles, 20 de julio de 2016

Balada de la estrella

Estrella, estoy triste.
Tú dime si otra
como mi alma viste.
-Hay otra más triste.

Estoy sola, estrella.
Di a mi alma si existe
otra como ella
-Sí, dice la Estella.

Contempla mi llanto.
Dime si otra lleva
de lágrimas manto.
-En otra hay más llanto.

Di quién es la triste,
di, quién es la sola,
si la conociste.

-Soy yo, la que encanto,
soy yo. la que tengo
mi luz hecha llanto.


Gabriela Mistral

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sábado, 15 de diciembre de 2012

Apegado a mí


Velloncito de mi carne, 
que en mi entraña yo tejí, 
velloncito friolento, 
¡duérmete apegado a mí! 

La perdiz duerme en el trébol 
escuchándole latir: 

no te turben mis alientos, 

¡duérmete apegado a mí! 

Hierbecita temblorosa 
asombrada de vivir, 
no te sueltes de mi pecho: 
¡duérmete apegado a mí! 

Yo que todo lo he perdido 
ahora tiemblo de dormir. 
No resbales de mi brazo: 
¡duérmete apegado a mí!




Gabriela Mistral