La cucharita
Es
una canción colombiana del cantante, músico y compositor Grupo Velosa y los
Carrangueros de Colombia:
Un sueño
Soñé que la mujer a quien adoro
con infame perjurio me engañaba
y a otro amante feliz, le abandonaba
de su amor el bellísimo tesoro.
Soñé que apasionado, que sonoro
su beso en otra boca resonaba
y aunque el sueño mis párpados cerraba
los abrían las fuentes de mi lloro.
Si en el drama futuro de mi vida
tan inmenso dolor me está esperando
que la muerte de mí compadecida
antes me brinde su reposo blando
porque más que la tumba me intimida
mirar despierto lo que estoy soñando.
José Gautier Benítez
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Niña de arena
Niña que en la arena te encontré
llorando,
con un llanto blando tu primer amor,
orgullo de niña que se hallaba herido,
tal vez un motivo que nunca existió.
Por algo que él dijo o no sé qué cosa
tu boca de rosa se te marchitó.
Y aquellos pucheros, los que se habían
ido,
vuelven del olvido a llorar tu amor.
De un mundo de mimos salís a la vida,
y aquí, no hay quen cuida de algún
moretón,
ya viene la noche niña de la arena
recoge tu pena, mañana…
mañana habrá sol.
Ramón de Almagro
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El
albatros
Por distraerse, a vees, sueln los marineros
dar caza a los albatros, grandes aves de mar,
que siguen, indolentes compañeros de viaje,
al navío surcando los amrgos abismos.
Apenas los arrojan sobre las tablas húmedas
estos reyes celestes, torpes y avergonzaos,
dejan penosamente arrastrando las alas,
sus grandes aas blancas semejantes a remos.
Este alado viajero, ¡qué inútil y qué débil!
Él, otrora tan bello, ¡qué feo y qué grotesco!
¡Éste quema su pico, sádico, con la pipa,
Aquel, mima cojeando al planeador inválido!
El poeta es igual a este señor del
nublo,
que habita a tormenta y ríe del ballestero.
Exiiado en la tierra, sufriendo el gritrío,
sus alas de gigante le impiden caminar.
Charless Baudelaire
…………….
Crece mi canción
Crece mi canción.
Por mis manos soñolientas,
al compás de la bohemia,
entre muros de nostalgia.
Crece.
Crece mi canción.
Por la orilla de los besos,
como un hilo de silencios,
con el viento sin escalas.
Crece.
Crece mi canción.
Por la paz del ritmo lento,
en la bruma de mi puerto,
con un eco verde magia.
Crece.
Crece mi canción.
Por el son que me persigue,
Ali flujo de la lluvia,
… como yo, mi enamorada.
Teodoro R. Frejtman
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Redención
Dime una palabra amable antes de que termine el día.
Me dijiste ‘cariño, tienes que ser
fuerte, no puedes
depender de esa gente, estás muy
cansado,
olvídalos, ayúdame a recoger el
lavavajillas’
y yo miraba la noche de octubre con
sus estrellas
entrar en uestra casa, ilunimar
nuestros cuerpos,
vaciar nuestras almas y tu dijiste
‘cena algo,
hay un poco de arroz en el horno, cena
algo, cariño,
come algo, y olvídate de todas esas
ideas absurdas
sobre el odio y el fracaso, ese arroz está divino’.
Dime una palabra amable antes de que termine el día.
Manuel Vilas
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La mantis religiosa
Mi mirada cansada
retrocedió desde el bosque azulado por el sol
hasta la mantis
religiosa que permanecía inmóvil a 50 cms. de mis ojos.
Yo estaba tendido
sobre las piedras calientes de la orilla del Chanchamayo
y ella seguía allí,
inclinada, las manos contritas,
confiando
excesivamente en su imitación de rama o palito seco.
Quise atraparla,
demostrarle que un ojo siempre nos descubre,
pero se desintegró
entre mis dedos como una fina y quebradiza cáscara.
Una enciclopedia
casual me explica ahora que yo había destruido
a un macho vacío.
La enciclopedia
refiere sin asombro que la historia fue así:
el macho, en su
pequeña piedra, cantando y meneándose, llamando hembra
y la hembra ya
estaba aparecida a su lado,
acaso demasiado
presta
y dispuesta.
Duradero es el
coito de las mantis.
En el beso
ella desliza una
lengua tubular hasta el estómago de él
y por la lengua le
gotea una saliva cáustica, un ácido,
que va licuándole
los órganos
y el tejido del más
distante vericueto interno, mientras le hace gozo,
y mientras le hace
gozo la lengua lo absorbe, repasando
la extrema gota de
sustancia del pie o del seso, y el macho
se continúa así de
la suprema esquizofrenia de la cópula a la muerte.
Y ya viéndolo
cáscara ella vuela, su lengua otra vez lengüita.
Las enciclopedias
no conjeturan. Ésta tampoco supone qué última palabra
queda fijada para
siempre en la boca abierta y muerta del macho.
Nosotros no debemos
negar la posibilidad de una palabra de agradecimiento.
José Watanabe
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