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lunes, 27 de enero de 2025

Mi mal

En vano ansiosa tu amistad procura

adivinar el mal que me atormenta;

en vano, amigo, conmovida intenta

revelarlo  mi voz a tu ternura.


Puede explicarse el ansia, la locura

con que el amor sus fuegos alimenta…

Puede el dolor, la saña más violenta,

exhalar por el labio su amargura.


Mas de decir mi malestar profundo,

no halla mi voz, mi pensamiento, medio,

y al indagar su origen me confundo;


pero un mal terrible, sin remedio,

que hace odiosa la vida, odioso el mundo,

que sea el corazón… ¡En fin, es tedio!


Gertrudis Gómez de Avellaneda

Imagen:https://www.blogger.com/

domingo, 3 de noviembre de 2024

El recuerdo inoportuno

¿Serás del alma eterna compañera,

tenaz memoria de veloz ventura?

¿Por qué el recuerdo interminable dura

si el bien pasó cual ráfaga ligera?


¡Tú, negro olvido, que con hambre fiera

abres ¡ay! Sin cesar tu boca oscura,

de glorias mil inmensa sepultura

y del dolor consolación postrera!,


si a tu vasto poder ninguno asombra

y al orbe riges con tu cetro frío,

¡ven!, que su dios mi corazón te nombra.


¡Ven y devora este fantasma impío,

de pasado placer pálida sombra,

de placer por venir nublo sombrío.

Gertrudis Gómez de Avellaneda

Imagen:https://www.blogger.com/

lunes, 14 de octubre de 2024

Al destino

Escrito estaba, sí: se rompe en vano

una vez y otra la fatal cadena,

y mi vigor por recobrar me afano.

Escrito estaba: el cielo me condena

A tomar siempre al cautiverio rudo,

y yo obediente acudo,

restaurando eslabones

que cada vez más rígidos me oprimen;

pues del yugo fatal no me redimen

de mi altivez postreras convulsiones.

 

¡Heme aquí! ¡Tuya soy! ¡Dispón destino.

De tu víctima dócil! Yo me entrego

cual hoja seca al raudo  torbellino

que la arrebata ciego.

 

¡Tuya soy! ¡Heme aquí! ¡Todo lo puedes!

Tu capricho es mi ley, sacia tu saña…

Pero sabe, ¡cruel! que no me engaña

la sonrisa falaz que hoy me concedes.

Gertrudis Gómez de Avellaneda

Imagen:https://www.blogger.com/

miércoles, 24 de julio de 2024

El porqué de la inconstancia

Contra mi sexo te ensañas

y de inconstante lo acusas;

quizá porque así te excusas

de recibir cargo igual.

Mejor obrarás si emprendes

analizar en ti mismo

del alma humana el abismo,

buscando el foco del mal.

 

Proclamas que las mujeres

(cual dijo no sé quién antes),

piensan amar sus amantes

cuando aman sólo al amor;

que el vago ardor del deseo

se agita constante en ellas,

mas pasa sin dejar huellas

su preferencia mayor.

 

¡Ay, amigo! No te niego

verdad que tan sólo prueba

que son las hijas de Eva

como los hijos de Adán.

A entrambos el daño vino

de la funesta manzana,

y a toda la raza humana

sus tristes efectos van.

 

¡Mísera raza!... su mengua

sufre, pero no la entiende;

y aún sueña y hallar pretende

bienes que torpe perdió.

Tras ellos ciega se lanza,

girando en vértigo insano…

mas nunca su empeño vano

ni aun en sombra los gozó.

 

Amor pide, dicha busca,

y a esperar loca se atreve

que en vaso corrupto y breve

apague el alma su sed;

pero ella su afán inmenso

siente perenne, profundo,

y rompe lazos del mundo

como el águila la red.

 

En balde en la extraña lucha

de su cansancio y su anhelo

le agrada tomar el velo

que la presenta el error:

y en los pálidos fantasmas,

que agranda ilusa ella sola

se finge ver la aureola

de la dicha y del amor.

 

¡Resbala pronto la venda!

¡Resbala y ve -con despecho-

que vuela, en humo deshecho

el fulgor de su ilusión!

Pues no cabe en ser que piensa

que eterno el engaño sea

aunque inmortal es la idea

que seduce al corazón.

 

No es, no, flaqueza en nosotros,

sí indicio de altos destinos,

que aquellos bienes divinos

nos sirvan de eterno imán,

y que el alma  no los halle,

por más que activa se mueva

ni tú en las hijas de Eva,

ni yo en los hijos de Adán.

 

Unas y otros nos quedamos

de lo ideal a distancia,

y en todos es a inconstancia

constante anhelo del bien.

¡De amor y dicha tenemos

sólo un recuerdo nublado;

pues su goce fue enterrado

bajo el  árbol del edén!

 

Jamás ¡oh amigo! ventura

ni amor eterno hallaremos…

Pero ¿qué importa? ¡esperemos!

porque es vivir esperar;

y aquí de todo nos habla

de pequeñez y mudanza

sólo es grande la esperanza

y perenne el desear.

Gertrudis Gómez de Avellaneda

Imagen:https://draft.blogger.com/


lunes, 20 de marzo de 2023

A la luna

Tú, que dirigiendo de la noche el carro,

sus sombras vistes de cambiantes bellos,

dando entre nubes -que en silencio arrollas-

puros destellos,

 

para que mi alma te bendiga y ame,

cubre veloz tu lámpara importuna…

cuando eclipsada mi ventura lloro

¡vélate, luna!

 

Tú, que en mis horas de placer miraste,

huye y no alumbres mi profunda pena…

No sobre restos de esperanzas muertas

brilles serena.

 

Pero ¡no escuchas! Del dolor al grito

sigues tu marcha majestuosa y lenta,

nunca temiendo la que a mí me postra

ruda tormenta.

 

Siempre el infausto sentimiento libre,

nada perturba tu sublime calma…

mientras que uncida de pasión al  yugo,

rómpese mi alma.

 

Si parda nube de tu luz celosa

breve momento sus destellos vela,

para lanzarla de tu excelso trono

céfiro, vuela.

 

Vuela, y de nuevo tu paciente frente

luce, y argenta la extensión del cielo…

¡Nadie, ¡ay! disipa de mi pobre vida

sombras de duelo!

 

Bástete pues, tan superior destino;

con tu belleza al trovador inflama;

sobre los campos y las gayas flores

perlas derrama…

 

Pero no ofendas insensible a un pecho

para quien no hay consolación ninguna…

Cuando eclipsada mi ventura lloro

¡vélate, luna!

Gertrudis Gómez de Avellaneda

Imagen:https://draft.blogger.com/

domingo, 27 de febrero de 2022

Al destino

 

Escrito estaba sí: se rompe en vano

una vez y otra la fatal cadena,

y mi vigor por recobrar me afana.

Escrito estaba: el cielo me condena

a tornar siempre al cautiverio rudo,

y yo obediente acudo,

restaurando eslabones

que cada vez más rígidos me oprimen;

pues del yugo fatal no me redimen

de  mi altivez postreras convulsiones.

 

Heme aquí! ¡Tuya soy! ¡Dispón, destino,

de tu víctima dócil! Yo me entrego

cual hoja seca al raudo torbellino

que la arrebata ciego.

¡Tuya soy! ¡Heme aquí” ¡Todo lo puedes!

Tu capricho es mi ley, sacia tu saña...

pero sabe, ¡oh cruel!, que no me engaña

la sonrisa falaz que hoy me concedes.

Gertrudis Gómez de Avellaneda

Imagen:https://www.blogger.com/

martes, 25 de febrero de 2020


Amor y orgullo

Un tiempo hollada por alfombras rosas;
y nobles vates, de mentidas diosas
prodigábanme nombres;
mas yo, altanera, con orgullo vano,
cual águila real al vil gusano
contemplaba a los hombres.

Mi pensamiento –en temerario vuelo-
ardiente osaba demandar al cielo
objeto a mis amores:
y si a la tierra con desdén volvía
triste mirada, con soberbia impía
marchitaba sus flores.

Tal vez por un momento caprichosa
entre ellas revolé, cual mariposa,
sin fijarme en ninguna;
pues de místico bien siempre anhelante
clamaba en vano, como tierno infante
quiere abrazar la luna.

Hoy, despeñada de la excelsa cumbre,
do osé mirar del sol la ardiente lumbre
que fascinó mis ojos,
cual hoja seca al raudo torbellino,
cedo al poder del áspero destino…
¡Me entrego a sus antojos!

Cobarde corazón, que el nudo estrecho
gimiendo sufres, dime: ¿qué se ha hecho
tu presunción altiva?
¿Qué mágico poder, en tal bajeza
trocando ya tu indómita fiereza,
de libertad te priva?

¡Mísero esclavo de tirano dueño;
tu gloria fue cual mentiroso sueño,
que con las sombras huye!
Di, ¡qué se hicieron ilusiones tantas
de necia vanidad, débiles plantas
que el aquilón destruye?

En hora infausta a mi infeliz reposo,
¿no dijiste, soberbio y orgulloso:
-quién dormirá mi brío?
¡Con mi solo poder haré, si quiero,
mudar de rumbo al céfiro ligero
y arder el mármol frío!-

¡Funesta ceguedad! ¡Delirio insano!
Te gritó la razón… Mas ¡cuan en vano
te advirtió tu locura!
Tú misma te forjaste la cadena,
que a servidumbre eterna te condena
y a duelo y a amargura.

Los lazos caprichosos que otros días
–Por pasatiempo- a tu placer tejías,
fueron de seda y oro;
Los que ahora rinden tu valor primero
son eslabones de pesado acero,
templados en tu lloro.

¿Qué esperaste ¡ay de ti! De un pecho helado,
de inmenso orgullo y presunción hinchado,
de víboras nutrido? T
ú –que anhelabas tan sublime objeto-
¿cómo al capricho de un mortal sujeto
te arrastras abatido?

¿Con qué velo tu amor veló mis ojos,
que por flores tomé duros abrojos
y por oro la arcilla?
¡Del torpe engaño mis rivales ríen,
y mis amantes ¡ay! tal vez se engríen
del yugo que me humilla!

¿Y tú lo sufres, corazón cobarde?
¿Y de tu servidumbre haciendo alarde,
quieres ver en mi frente
el sello del amor que te devora?...
¡Ah! velo, pues, y búrlese en buen hora
de mi baldón la gente.

¡Salga del pecho –requemando el labio-
el caro nombre, de mi orgullo agravio,
de mi dolor sustento!
¿Escrito no le ves en las estrellas
y en la luna apacible, que con ellas
alumbra el firmamento?

¿No oyes de las auras el murmullo?
¿No le pronuncia –en gemidor arrullo-
la tórtola amorosa?
¿No resuena en los árboles, que el viento
halaga con pausado movimiento
en esa selva hojosa?

De aquella fuente entre las claras linfas,
¿no le articulan invisibles ninfas
con eco lisonjero?
¿Por qué callar el nombre que te inflama,
si aún el silencio tiene voz, que clama
ese nombre que quiero?

Nombre que un alma lleva por despojo;
nombre que excita con placer enojo,
y con ira ternura;
nombre más dulce que el primer cariño
de joven madre al inocente niño,
copia de su hermosura.

Y más amargo que el adiós postrero
que al suelo damos, donde el sol primero
alumbró nuestra vida.
Nombre que halaga y halagando mata;
nombre que hiere –como siempre ingrata-
al pecho que le anida.

¡No, no lo envíes, corazón, al labio!...
¡Guarda tu mengua con silencio sabio!
¡Guarda, guarda tu mengua!
¡Callad también vosotras, auras, fuente,
trémulas hojas, tórtola doliente,
como calla mi lengua!

Gertrudis Gómez de Avellaneda

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miércoles, 3 de febrero de 2016

A Él

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Imagen: https://www.google.es

No existe lazo ya: todo está roto:
plúgole al cielo así: ¡bendito sea¡
Amargo cáliz con placer agoto:
mi alma reposa al fin: nada desea.

Te amé, no te amo ya: piénsolo al menos:
¡nunca, si fuere error, la verdad mire!
Que tantos años de amarguras llenos
trague el olvido: el corazón respire.

Lo has destrozado sin piedad: mi orgullo
una vez y otra vez pisaste insano…
Mas nunca el labio exhalará un murmullo
para acusar tu proceder tirano.

De graves faltas vengador terrible,
dócil llenaste tu misión: ¿lo ignoras?
No era tuyo el poder que irresistible
postró ante ti mis fuerzas vencedoras.

Quísolo Dios y fue: ¡gloria a su nombre!
Todo se terminó, recobro aliento:
¡Ángel de las venganzas!, ya eres hombre…
 ni amor ni miedo al contemplarte siento.

Cayó tu cetro, se embotó tu espada…
Mas, ¡ay!, cuán triste libertad respiro…
Hice un mundo de ti, que hoy se anonada
y en honda y vasta soledad me miro.

¡Vive dichoso tú! Si en algún día
ves este adiós que te dirijo eterno,
sabe que aún tienes en el alma mía
generoso perdón, cariño tierno.


Gertrudis Gómez de Avellaneda