martes, 29 de noviembre de 2022

¡Ay! 

¡Ay! Quién pudiera tener

tras el silencio el olvido

y recordarte después.

 

 ¡Ay! Quiñen pudeiera tener…

 

Sentir la sangre varada

en esteros del ayer

y ser sangre enamorada.

 

¡Ay! Quién pudiera tener…

 

Y de nuevo renacer

del desierto de la nada

y en ti saciarse la sed.

 

¡Ay! Quién pudiera tener…

 

Y tras la quieta jornada

sentir de nuevo en la piel

el beso de tu mirada.

 

¡Ay! Quién pudiera tener…

José Alcolea

Imagen:https://www.blogger.com/

miércoles, 23 de noviembre de 2022

Ego sum Abbas

Ego sum Abbas Cucaniensis

et consilium meum est cum bibulis,

et in secta Decii volunta mea est,

et qui mane me quesierit in taberna,

post vesperam nudus egredietur,

et sic denudatus veste clamavit.

 

Wafna, wafna!

Quis fecisti sors turpissima?

Nostre vite gaudia

abstulisti omnia!

 

Yo soy el Abad de Cucaniensis

(Traducción)

Yo soy el abad de Cucaniensis

y mi consejo es para los bebedores,

y mi voluntad es ser fiel a Decius,

y quien me busque temprano en la taberna,

para el atardecer saldrá desnudo

y así depojado de sus ropas, llorará.

 

¡Wafna, Wafna!

Destino ruin, ¿qué has hecho?

¡Los placeres de nuestra vida

todos te los has llevado!

Carmina Burana

miércoles, 16 de noviembre de 2022

Ese busto de yeso

Ese busto de yeso que respira

lunas de noche antiguas y metales

rodillas mutiladas desiguales

que si la noche cubre el sueño mira.

 

Esa mano de flores que conspira

al abrir y cerrar dedos cristales,

sonrisa y caracol en expirales,

ajeno mar donde la la voz expira.

 

Estos ojos de verdes vegetales

que el fuego muerto de los goces gozan

y a lo oscuro me miran inmortales.

 

Y esta sombra de luz donde se rozan

las almas y los cuerpos se reposan.

Vivos sueños, bellezas funerales.

Bernardo Ostiz de Montellano
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lunes, 7 de noviembre de 2022

Sobre el dolor de otro

 

¿Puedo observar el dolor de alguien

sin sentir con él tristeza

¿Puedo contemplar el pesar de alguien

sin intentar aliviarlo?

 

¿Puedo observar la lágrima derramada

sin compartir el dolor?

¿Puede un padre ver a su hijo llorar

sin someterse a la pena?

 

¿Puede una madre escuchar indiferente

el lamento de un niño, el temor de un infante?

¡No, no! ¡Imposible!

Nunca, eso jamás será posible.

 

¿Puede aquel que todo sonríe

oír los gemidos del ave?

¿Escuchar a sus pequeños pesarosos y necesitados?

¿Escuchar el llanto de los niños que sufren?

 

¿Sin sentarse junto al nido

rociando de piedad sus pechos?

¿Sin sentarse junto a la cuna

vertiendo llanto sobre las lágrimas del niño?

 

¿Y no pasarse día y noche

secando nuestras lágrimas?

Oh, no, eso jamás será posible.

Nunca, nunca será posible.

 

Nos reserva a todos su alegría;

se transforma en joven;

se transforma en hombre compasivo.

También él siente dolor.

 

Piensa que eres incapaz de suspirar un suspiro,

sin que tu hacedor no esté a tu lado.

Piensa que no puedes llorar una lágrima

sin que tu hacedor no esté llorando.

 

Ah, nos otorga la alegría

que destruye nuestras penas.

Hasta que  nuestro dolor se haya vaciado,

junto a nosotros se lamentará.

William Blake

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miércoles, 2 de noviembre de 2022

Cignus ustus cantat

Olim lacus colueram,

olim pulcher extiteram,

dum cignus ego fueram.

 

Miser, miser!

modo niger

et ustus fortiter!

 

Girat, regirat garcifer,

me rogus urit fortiter;

propinat me nunc dapifer.

 

 

Miser, miser!

modo niger

et ustus fortiter!

 

Nunc in scutella iaceo,

et volitare nequeo

dentes frendentes video.

 

Miser, miser!

modo niger

et ustus fortiter!

 

El cisne asado canta

(Traducción)

 

En otro tiempo yo vivía en el lago,

en otro tiempo yo era hermoso,

cuando yo era un cisne.

 

¡Desdichado de mí!

¡Ahora negro

y churrascado!

 

El asador da vueltas y vueltas,

mi pira funeraria vorazmente me asa,

ya se acerca a mí el sirviente.

 

¡Desdichado de mí!

¡Ahora negro

y churrascado!

 

Ahora me encuentro en una bandeja

y no puedo volar lejos,

veo dientes impacientes.

 

¡Desdichado de mí!

¡Ahora negro

y churrascado!

Carmina Burana

jueves, 27 de octubre de 2022

El sueño

 

Amor, nada excepto tú

habría roto este sueño repentino,

un reflejo destinado, excesivo,

intenso para ser apenas un fantasma.

Es sabido de tu parte despertarme,

mas mi sueño nunca desgarras:

eres tan cierta que pensarte alcanza

para volver verdad sueños y ficciones;

entra en estos brazos, ya que decidiste

que no soñara mi sueño completo,

juntos, actuemos el resto.

Como un relámpago, o la luz de una vela,

tus ojos me despertaron,

al principio creí (pues amas la verdad), que eras un ángel,

hasta que vi que veías por dentro

mi corazón y mi centro

mejor que los ángeles,

que sabías de  mi sueño –que estaba soñando-,

y en qué momento me despertaría.

Viniste y confieso que entonces

habría sido herejía creer

que tú no fueras otra que tú.

Venir y quedarte conmigo te reveló,

pero levantarnos me hace preguntarme

si tú aún eres tú.

Débil es el amor si enfrenta al miedo,

ya no es espíritu puro, certero,

si en él se funden el miedo, vergüenza y  honor.

Tal vez como una antorcha que debe estar lista

para apagar y encender si hace falta,

así me tratas tú, pues vienes para iluminarme,

y te vas para volver.

Entonces yo soñaré esa misma esperanza

una vez más, o si no, moriré.

John Donne

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jueves, 20 de octubre de 2022

La gota de hiel

¡Jehovah, Jehovah, tu cólera me agobia!

¿Por qué la copa del martirio llenas?

Cansado está mi corazón de penas.

Basta, basta, Señor.

Hierve incendiada por el sol de Cuba

mi sangre toda y de cansancio expiro,

busco la noche, y en el lecho aspiro

fuego devorador.

 

¡Ay, la fatiga me adormece en vano!

Hondo sopor de mi alma se apodera

¡y siéntanse a mi pobre cabecera

la miseria, el dolor!

Roncos gemidos que mi pecho lanza

tristes heraldos son de mis pesares,

ay, a mi mente descienden a millares

fantasmas de terror.

 

¡Es terrible tu cólera, terrible

Jehovah, suspende tu venganza fiera

o dame fuerzas, Oh Señor, siquiera

para tanto sufrir.

Incierta vaga mi extraviada mente,

busco y  no encuentro la perdida ruta,

sólo descubro tenebrosa gruta

donde acaba el vivir.

 

Yo sé, Señor, que existes, que eres justo,

que está a tu vista el libro del destino,

y que vigilas el triunfal camino

del hombre pecador.

Era tu voz la que en el mar tronaba

al ocultarse el sol en occidente,

cuando una ola rodaba tristemente

con extraño fragor.

 

Era tu voz y la escuché temblando.

Clavóse un tanto mi tenaz dolencia,

yo adoré tu divina omnipotencia

como cristiano fiel.

¡Ay, tú me ves Señor! Mi triste pecho

cual moribunda lámpara vacila

y en él la suerte sin cesar destila

una gota de hiel.

Ignacio Rodríguez Galván

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